jueves, 10 de mayo de 2012

Que si me acuerdo solo puedo sonreír

Llegaste un día, así, por las buenas. Empezaste puteando, tomándome el pelo, haciéndote el graciosillo. Igual que todos los tíos. Luego te da por agregarme. Me empiezas a hablar, me dices que si me acuerdo de ti. Luego me empiezas a preguntar por mi vida, pero no directamente, sino con indirectas. Al final me lo sacas todo, pero tu también me cuentas todo lo que yo te he dicho. Acabas con un "te quiero", supongo que esperando a que te lo devuelva. No lo hago. No quiero darte esperanzas. Al rato lo vuelves a intentar. Me empiezas a llamar "cariño", "amor", "cielo", intentas hacerme sentir especial. Pruebas a preguntarme si quedamos, tratas de adivinar si quiero realmente, si te quiero. Al final consigues lo que deseabas: te he dicho que te quiero, y encima tenemos una cita. estás muy contento, saboreas las horas que te quedan para verme, crees que te vas a liar conmigo, y eso que tienes novia, pero nada de eso te importa en ese momento. Llega el día. Llego tarde. Me llamas. Te contesto, y te digo que estoy llegando, que ya voy para allá, que te quiero ver. Pero en el fondo, no quiero llegar, en el fondo tengo miedo de lo que pueda pasar. Llego al lugar acordado, te busco deseando que no estés. Sin embargo, allí estás. Me saludas con la mano. Te miro, y es en ese momento cuando me doy cuenta de que no me gustas, de que no te quiero, de que me has liado, que has jugado conmigo. Hago como que no te he visto, me giro y me voy andando, tranquilamente, como si no tuviese prisa por irme de ahí enseguida, como si no quisiera en ese momento estar en cualquier otra parte. Me sigues. Te veo. Empiezo a correr. Sigo corriendo, inagotable, hasta que me encuentro con una amiga. me paro. Ya estoy a salvo, por fin. Se lo cuento todo, desde el principio, trabándome al empezar, más segura mientras continúo hablando. Sin censuras, sin tapujos. Es una buena amiga. Se empieza a reír cuando le cuento que salí corriendo. Y no puede parar. Y yo, aunque en ese momento lo que me gustaría es echarme a llorar, me río, me río con ella. Y así, también, de alguna manera, me desahogo. Y me alegro de haberla encontrado. Ahora, por fin, vuelvo a ser la de siempre. Junto a ella.


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