miércoles, 18 de abril de 2012

Nos prometimos junto al mar nunca cambiar...

Promesas. Miles de ellas, por todas partes, entre la gente, en todas las cabezas. Y cientos de ellas incumplidas, rotas. Muchas, por ejemplo, en los candados colgados en los puentes. Esos candados que ponen unas iniciales, y después un "para siempre". Algunas de esas parejas seguro que ya están rotas, seguro que ni siquiera se hablan, o se giran la cara por la calle. Puede que otros sigan juntos, pero que ya no sean felices uno junto al otro. También puede que haya algunos que estén felizmente casados, o simplemente, que sigan pasándoselo bien juntos. Pero esos son los menos. La realidad es que somos humanos y, como tal, tendemos a separarnos, a enfadarnos por cualquier bobada, o a distanciarnos. Y aunque no lo queramos, acaba pasando. Y somos nosotros mismos los que hacemos que pase.


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