domingo, 29 de mayo de 2016

Ella era como las olas del mar. Absurda. Insistente. Cabezota. Podría decirse que incluso caótica. Parecía salirse de cualquier norma natural, pero a la vez tenía el brillo especial de las cosas que se rigen por su propia ley, aunque nadie más la entienda ni sea capaz de seguirla. Cada vez que ella se movía, parecía que el mundo la atrapaba, la hacía suya y entonces, a la vez que no ser ella, era un poco más ella cada vez. Parecía que pasaba por el mundo volando, como una pluma, sin apenas rozarlo, pero a la vez, era un terremoto que lo cambiaba todo a su paso. 
En verdad, he hecho una mala comparación. Las olas del mar nunca serán capaces de alcanzar la libertad que ella tenía. Ni las ganas. 

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